LA REDACCIÓN ACADÉMICA: UN RECURSO IMPRESCINDIBLE PARA LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA

 

La divulgación de conocimientos es casi tan antigua como la humanidad misma y, con el paso de los siglos, su trascendencia resultó cada vez más notable. La primera obra de ciencias de la que se tiene registro data del año 300 a. C.: Los elementos de Euclides. A pesar de todo el avance tecnológico, la escritura no ha sido reemplazada y se mantiene como una de las principales vías de transmisión de la información; incluso, se acentúa más con la difusión científica

Expresada a partir de técnicas incluidas en lo que se denomina redacción académica ―aunque mantiene la esencia de la escritura en sí de cualquier documento―, requiere de una serie de especificidades que la diferencian del resto. Es por eso que es importante manejar cuáles son los recursos principales que permiten cumplir con sus estándares.

Uno de los elementos principales constituye el modo en que se expresan las ideas, tomando en cuenta criterios de estilo, ortografía y gramática. Además, por su complejidad, el lenguaje académico resulta más difícil de expresarse de forma escrita; por lo que debe ser claro y conciso. De manera general, la terminología científica es precisa y objetiva; por tanto, se suprimen términos innecesarios que dificultan la comprensión que, de por sí, es especializada.

Como es de suponer, dentro de la propia literatura académica los textos de determinadas Ciencias Sociales permiten mayor flexibilidad en el sentido escritural y lingüístico; pero sin llegar a descuidar el enfoque, los conceptos y la claridad. En la actualidad, no es posible concebir a un investigador, docente o estudioso de cualquier tema, que posea un débil dominio de las destrezas de redacción; incluso, de aquellas que son imprescindibles para dar a conocer el resultado de su trabajo.

Claridad y precisión —al margen de estilos personales o editoriales— constituyen la base de cualquier texto, y esta premisa se aplica por igual a la redacción académica.

Para establecer esa línea que delimita el texto académico del resto, es preciso tomar en cuenta que los textos, de manera general, constituyen un conjunto de enunciados idóneos para comunicar; y esto se logra mediante signos que le conforman y que construyen significados. El escrito académico, en cambio, está sujeto a una lógica de ordenamiento, a una metodología y a la muestra de conocimientos verificables. Esta es una de sus características más distintivas: la posibilidad de contrastar lo que se expone, verificar su certeza y someter a comprobación sus enunciados.

En la intención de servir como plataforma de divulgación de los resultados científicos y de investigación, se debe responder, además, a criterios de objetividad y precisión; para así ajustarse a los requerimientos científicos y de estilo de las diversas publicaciones.

Para algunos investigadores, la ortografía y gramática resultan aspectos menores a la hora de configurar un texto académico; pero en realidad estos resultan vitales para la trasmisión lingüística del mensaje. Por lo que deben seguirse las indicaciones generales para cualquier tipo de texto, al poner especial cuidado en la corrección sintáctica y el empleo de términos o estructuras lingüísticas que entorpezcan la comprensión del documento.

Además de estas características esenciales, inherentes a la redacción académica, también debe precisarse el formato para dar a conocer los resultados de estudios e investigación en un campo determinado. Para ello, debe considerarse la finalidad del texto; pues los formatos

 

responden a necesidades institucionales o de publicación. En ese sentido, devienen textos académicos el resumen, la reseña, el informe científico-técnico, la revisión bibliográfica, el estudio de casos, el manual, la monografía, el tratado, el informe de casos, el artículo de metaanálisis y el resumen estructurado. (Estos tres últimos se consideran más específicos de las ciencias biomédicas.)

En este primer grupo, agrupamos formatos de uso menos frecuente; con una extensión variable que depende del campo de estudio y necesidades de quien investiga y escribe, y que puede ser una producción original o el resultado del análisis o compendio de textos publicados previamente. Mientras que, con un empleo más común en la divulgación académica, resultan el artículo, el ensayo, la tesina y la tesis. En estos casos, el formato va a depender del proceso que se pretenda llevar a cabo; aunque prima el criterio de las exigencias institucionales o intenciones de la publicación.

Otra cuestión esencial a la hora de configurar un texto académico es la estructura para presentar la información. De manera general, existe un consenso en el empleo del esquema IMRyD (Introducción, Métodos, Resultados y Discusión), cada vez más utilizado y solicitado por las revistas científicas para la presentación de artículos originales. Sin embargo, no es el único modo. Formatos como las tesis, conciben también la inclusión de resúmenes, capítulos temáticos y recomendaciones; entre otros elementos que no aparecen en la concepción del artículo.

Así como el formato, la estructura debe determinarse por los requerimientos de la publicación o los requisitos del área de las ciencias a la cual se circunscribe; así como los propósitos del texto y las exigencias de los centros de estudio o investigación. Una vez determinado el formato y la estructura, tomándose en cuenta las características y recomendaciones para la redacción académica, se da inicio a la creación del texto. Para ello, es válido considera el espacio en que se prevé publicar, su posicionamiento y de algunos recursos de apoyo a la labor de escribir.

En relación con este último tema, existen otros recursos necesarios que garantizan la elaboración de un material bien elaborado, que se ajusta a normas de estilo específicas y estándares de calidad. Se trata de procesadores de texto, diccionarios, medidores de legibilidad y gestores de bibliografía, entre otros. Estos recursos facilitan la labor de quien escribe, aunque no debe atribuirse a ellos toda la responsabilidad; pero sí permiten perfilar el estilo, evitar errores y facilitan la estructuración del texto.

El empleo de fuentes, en los más diversos soportes y tipos, y los modos procedimentales para citarlas adecuadamente en un documento de divulgación académica resultan un proceso imprescindible; pues permite validar los resultados del trabajo que se presenta, así como demostrar las bases teóricas y metodológicas que lo sustentan.

Lograr un texto claro y coherente, con información relevante, requiere también de lograr la visibilidad e impacto en el ámbito científico; pues esa es su esencia: divulgar conocimientos, investigaciones, resultados e innovaciones en un campo de estudio determinado. Alcanzar ese propósito implica tomar en cuenta cada uno de los momentos del proceso, poner en práctica las recomendaciones para la escritura y proponer un documento original y valioso para el resto de la comunidad académica.


BIBLIOGRAFÍA

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Cevallos, G. (2015). Manual de redacción científica. El artículo científico. Santo Domingo: Atenas.

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Raya, M. y Zulueta, Ma. E. (2011/2015). Textos científico-técnicos. ¿Cómo crearlos? (2da. ed.). La Habana: Científico-Técnica.

 

Karina

 

 

 Autor: Mgtr. Karina Escalona Peña

Afiliación: Universidad Central del Ecuador, Ecuador

Edición: Enero de 2019

 

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