La nueva ortografía de la Lengua Española

La Real Academia Española (RAE) se fundó en el año 1713, según propuesta del marqués de Villena (Juan Manuel Fernández Pacheco), y desde entonces insiste en la correcta escritura y un buen léxico; ámbitos que regulan la norma de una lengua y se concretan en tres publicaciones representativas: la Ortografía, el Diccionario y la Gramática.

Su lema fundacional fue «Limpia, fija y da esplendor». En este sentido, la importancia al código ortográfico se hizo saber en el «Discurso proemial de la orthographía de la lengua castellana», incluido en el primer tomo del Diccionario de autoridades (1726); más tarde, en la publicación de la primera Orthographía (1741). En cambio, hoy día su lema fundacional se reinterpreta en «Unifica, limpia y fija», a partir de la relación entre las veintidós Academias panhispánicas que conforman la Asociación de Academias de la Lengua: la RAE y las Academias de la Lengua Española en América y Filipinas. En este sentido, se desmiente el criterio de que todo latinoamericano tiene que imitar los modos de habla de España y desechar su identidad lingüística regional.

Uno de las falencias más recurrentes en los textos escritos —en cuanto al uso de la lengua castellana— es la incorreción ortográfica; lo que conlleva a que disminuya la calidad de un documento, independiente de la especialización y modalidad compositiva, y por tanto su publicación. Entiéndase ortografía (del lat. orthographǐa ‘recta escritura’) como una disciplina lingüística que establece un «Conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua» (DRAE, 2019, párr. 1). De ahí que centra su atención en el uso de las letras, mayúsculas, acentuación, signos de puntuación y de la representación gráfica de unidades léxicas (palabras compuestas, afijos, abreviaciones gráficas, signos y acrónimos).

La última edición de la Ortografía de la lengua española, publicada en el año 2010, posee características que la hacen más exhaustiva, razonada y, sobre todo, panhispánica. Pues contiene normas a seguir en función de regular la escritura de forma homogénea en todos los hispanohablantes, y no desestima los sociolectos y registros lingüísticos existentes. A su vez, actualiza el uso de la lengua a partir de un carácter sincrónico y diacrónico para hacerla efectiva, en correspondencia con los cambios humanos en la sociedad. En este sentido, veamos algunos ejemplos que no debemos olvidar, así como ciertos casos dudosos y novedades:

Sobre el uso de varias letras y palabras

a) Es preferible contraer en una sola dos vocales iguales que sean átonas: contrataque, remplazar; aunque no se contraen en cooficial; o que provoque ambigüedad: reestablecer (de ‘volver a establecerse’ y no de ‘recuperarse de una enfermedad’: restablecer), archiilegal/archilegal.

b) La h aspirada se asimila a menudo al sonido del fonema /j/, por lo cual se admiten las siguientes variantes gráficas, aunque situada en primer lugar la forma mayoritaria de la escritura: bahareque o bajareque, jalar o halar, jolgorio u holgorio, etc. Asimismo, la ausencia del valor fónico de la h en el español estándar actual explica el hecho de no escribirla en ciertos vocablos: alacena/alhacena, alelí/alhelí, armonía/harmonía, uy/huy. Por razones fónicas —hoy generalizadas— los diptongos /ua/, /ue/, /ui/ al inicio de sílaba o en posición interior, y que se escriben con /h/, se pueden sustituir por la secuencia gráfica gua, güe, güi: hueso o güeso, huevo o güevo, huacal o guacal, marihuana o mariguana. Además, como el fonema /i/ tiende a convertirse en el fonema consonántico /y/, algunas palabras escritas con hie- suelen presentar variaciones gráficas como hierba o yerba, hiedra o yedra.

c) Se escribirá la pronunciación simplificada (ps- /s/, post- /pos/); por ejemplo: sicología en vez de psicología, o posdata en vez de postdata. Aun cuando se mantenga el grupo consonántico en la escritura de hablantes cultos, también se acepta la variante gráfica simplificada; excepto la palabra postsimbolismo porque empiece por s-.

d) Todos los prefijos (p. ej. ex-) se escribirán unidos a su base léxica cuando esta sea solo una palabra: expresidente, antiposmodernista. En cambio, se escribe separado con guion si la base léxica es un nombre propio (ej. anti-Hitler, pro-Guatemala), un número (ej. super-8) o una sigla (ej. mini-USB); mientras que irá separado y sin guion cuando la base léxica conste de varias palabras: ex guardia civil, pre Segunda Guerra Mundial.

e) Los seudónimos, sobrenombres, alias o apodos llevan marca tipográfica si aparecen entre el nombre de pila y el apellido (ej. José «Chocolate» Morales).

Sobre el uso de mayúsculas y minúsculas:

a) Se escriben con minúscula los tratamientos, títulos y cargos cuando acompañan al nombre: don, coronel, su santidad Benedicto XVI. (Se admite la mayúscula si no va seguido del nombre propio de la persona referida, o acompaña al nombre por tradición: Sor Juana.) No obstante, la mayúscula es obligatoria en las abreviaturas: Sr., D., etc.; por ejemplo: Lic. Marcos García (o licenciado Marcos García). 

b) En los nombres de barrios, calles, espacios urbanos, solo se escribe con mayúscula el término específico: el barrio de Alcántara, la avenida Naciones Unidas, el parque La Carolina, la plaza Bolívar; a no ser que forme parte del topónimo: Ciudad de México.

Sobre el uso de la acentuación:

a) La RAE, en aras de buscar una unidad ortográfica, precisa que palabras como guion [guión], son monosílabas a efectos de acentuación gráfica; por lo que no se escribirán con tilde.

b) No se colocará la tilde al adverbio solo, pero de manifestar cierta ambigüedad se empleará sinónimos (solamente, únicamente) o se recurrirá a una puntuación adecuada.

c) Se suprime la tilde en la conjunción disyuntiva o entre números (antes: 2 ó 3, ahora: 2 o 3); pues es una palabra monosílaba átona.

Sobre el uso de los signos de puntuación:

a) No llevan punto los títulos y subtítulos de libros, artículos, capítulos…, ni tampoco las dedicatorias breves, en las cabeceras de cuadros y tablas, las enumeraciones en forma de lista y los pies de imágenes que no sean explicaciones de carácter discursivo:

b) Si un signo de puntuación se combina con otro que indica un segundo discurso (comillas, paréntesis, etc.) o si ambos se cierran al mismo tiempo, se coloca el signo de cierre (.) detrás del que marca el segundo discurso: Le gritó: «Cuidado». Me preguntó: «¿Crees que ella regrese?».

c) En orden de prioridad, se emplearán las comillas castellanas («…»), y dentro de estas las inglesas (“…”) y las simples (‘…’).

d) Se emplearán los corchetes en vez de paréntesis en transcripciones de textos para enmarcar cualquier interpolación, elipsis, aclaraciones o adiciones ajenas al autor, o el desarrollo de una abreviatura. El término habilidad (del lat. habilitas, -atis) es un «[…] sistema complejo de operaciones necesarias en la regulación de una actividad humana […] [que] permiten apreciar la profundidad y extensión del conocimiento» (López, 1990: 2). Asimismo, se consignan en los asientos bibliográficos para precisar cualquier información que se restituye y ha sido tomada desde fuentes secundaras: Real Academia Española. (1999). Ortografía de la lengua española. [Madrid]: Espasa Calpe.

e) Al dividir una palabra compuesta o expresiones formadas por vocablos unidos por guion (ej. léxico-semántico), y este signo coincide al final de la línea, deberá escribirse otro guion al comienzo del renglón siguiente: léxico-/ -semántico; no así en los antropónimos compuestos: Ruiz-Callejas.

Sobre el uso de extranjerismos y locuciones latinas:

a) Los extranjerismos que no se hayan adaptado a la lengua castellana (p. ej. software) deben escribirse en cursiva en los textos digitales e impresos, y entre comillas en los textos manuscritos; no así con los extranjerismos adaptados (p. ej. yogourt > yogur).

b) No se colocará acento gráfico en las locuciones latinas y se escribirán en cursiva (o entre comillas para los manuscritos): grosso modo, statu quo, sui generis, curriculum vitae, etc.

Sobre el uso de las expresiones numéricas:

a) Los números romanos se escriben con mayúscula, pero cuando indican los siglos se usará la letra versalita: siglo XIX y no siglo XIX.

b) No se utilizará punto ni coma para separar los grupos de tres dígitos en la parte entera de un número, y solo se admite un pequeño espacio en blanco: 616 523 985. El punto o la coma se interpretan exclusivamente como marcadores decimales: 15 258,67 = 15 258.67 (se prefiere este último).

c) No se utilizará punto ni espacio en blanco en la designación del año (ej. 2011), pero sí una separación con espacio en blanco en los números de teléfono: +593 969 069 885.

d) Si una expresión numérica se expresa en palabras, se escribirá la unidad de medida en letras (ej. cuarenta kilómetros); en cambio, se consignará el símbolo si se escribe en cifras (ej. 40 km, 2 %).

Como se ha demostrado, la corrección del lenguaje es un pilar esencial en la demarcación de nuestra competencia como profesional y, sobre todo, del nivel cultural; pues la expresión escrita u oral forma parte intrínseca de la producción y socialización de conocimientos que fortalecen la identidad del ser humano y, por consiguiente, de la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

Real Academia Española. (2005). Diccionario panhispánico de dudas [documento en PDF]. Recuperado de http://www.acul.ohc.cu/DPD5.pdf
_________. (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros.
_________. (2019). Diccionario de la lengua española [en línea]. Recuperado de https://dle.rae.es/?id=RG9EvWw

Autor: Mgtr. Yosbany Vidal García

Afiliación:  ISM International Academy, Ecuador

Edición: Enero de 2020

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