EL SIGLO XXI Y LA EDUCACIÓN COMO BASE PARA EL DESARROLLO SOCIAL

El siglo XXI se abrió al mundo en medio de la transformación y desarrollo de la era informática; por lo que los recursos tecnológicos constituyeron elementos claves para el cambio que debía tener la educación hoy día, en su función de transmitir valores y nuevos sabes. De ahí que la praxis docente fuera la encargada de construir una sociedad más justa, dinámica, intercultural, heterogénea y equitativa.

Educar en los tiempos actuales debe considerar en sí todos aquellos cambios sociales y tecnológicos que se suscitan. Hecho que hace necesario pensar, reflexionar y adaptar la forma en la que se estructura un sistema educativo dentro de la cultura del conocimiento; sobre todo si se tiene en cuenta el tipo de individuo que la sociedad necesita y que la educación tiene que formar para que sea su continuadora.

Cada país o locación tiene distintas necesidades educativas, por lo que no hay una fórmula mágica, ni una estructura única a través de la cual se puedan cubrir todas estas necesidades específicas; pero sí está claro que en el siglo XXI la educación es un motor de desarrollo a nivel global y, de manera general, se deben tener en cuenta algunos elementos que son comunes para la transformación de cualquier sociedad.

En primer lugar, y en función de apoyar el constante cambio a que está sometido el desarrollo del mundo actual, se hace evidente que la educación debe ser flexible y estar lo más alejada posible de los modelos de enseñanza rígidos y severos; puesto que los niños y jóvenes deben ser capaces de adaptarse a los nuevos contextos y circunstancias que sobrevienen con los invariables cambios en la tecnología y, por ende, en la sociedad.

En segundo lugar, y no menos importante, la educación del siglo XXI necesariamente debe promover valores sociales, tales como la equidad, la justicia, la ayuda humanitaria, la cooperación, el cuidado del medio ambiente, la libertad, la paz y la responsabilidad; pues de esta manera se formarán los hombres del mañana con una conciencia clara de lo que se quiere construir.

Una opinión que merece atención, por lo amplia y asertiva, es la que ofrece Villavicencio (2010); quien, en su investigación sobre la formación de valores en las universidades cubanas, aborda las diferencias y contradicciones que puede generar una educación en valores en cualquier tipo de sociedad. Sobre todo, cuando se trata de contextualizar y crear nuevas perspectivas en pos de un progreso educativo y social; incluso, al fomentar los valores sociales y libertades en los estudiantes, que es a todas luces uno de los retos del sistema de educación que se quiere lograr:

El desarrollo de la persona íntegra apunta a un tipo de ciudadano más capaz de tomar en cuenta el punto de vista de otros, argumentar sus propuestas y sustentar sus decisiones de manera reflexiva y creativa, más cooperativo en la solución conjunta de los problemas y de mayor consistencia moral en su quehacer cotidiano. En consecuencia, este enfoque promueve un tipo de interacción social basada en el respeto mutuo, el razonamiento, la cooperación, la aportación constructiva y la coherencia ética, elementos en los que se despliega en su totalidad la persona como ser humano social. (Villavicencio, 2010, p. 117)

En tercer lugar, y justamente por lo antes dicho, otro de los elementos que debe ser inherente a la educación de este siglo XXI es la inclusión de un modelo de desarrollo sostenible como meta para todos; es decir, la educación como base social integral no puede ser parte de lo que en otras décadas y siglos fue la guía del destino del mundo y de lo que la Revolución Industrial comenzó como ruta del desarrollo.

Les corresponde a los ciudadanos del mundo hoy día conservar sus recursos naturales y contribuir a la sostenibilidad de la Tierra, y esto solo se logra teniendo como base inclusiva estas necesidades en el proceso educativo.

Por tanto, se hace indiscutible que la inclusión social en la educación es uno de los retos y ejes significativos para establecer políticas educativas y didácticas; que hagan posible el funcionamiento sostenible y la concienciación de los estudiantes como individuos sociales inmersos en la defensa del día a día, así como del futuro del planeta. En función de este razonamiento, es posible relacionar el proceso inclusivo con la posibilidad de «potenciar y valorar la diversidad, entendiendo y protegiendo las particularidades de todos los sujetos, promoviendo el respeto a ser diferente, el aprender a vivir juntos y a garantizar la participación» (Acevedo, 2014, p. 43) en cualquier ámbito social y educativo.

Para lograr todo esto, es importante tener en cuenta que la educación se basa en la combinación de tres factores que intervienen en el proceso de aprendizaje: los contenidos, la enseñanza y la tecnología. Por lo que se hace necesario que los centros educativos estén conformados por profesores con sólidos conocimientos de los contenidos a impartirse; pero también el estar permeados de competencias pedagógicas y del manejo y aplicación de las herramientas digitales y tecnológicas, porque sería este el único modo de implementar y contribuir a un conocimiento que esté a tono con el desarrollo de la información moderna. De ahí que sea necesario direccionar la Pedagogía hacia una relación estrecha con las herramientas que nos ofrece la Tecnología.

Moncada (2015), en su artículo sobre los desafíos de la educación contemporánea, hace alusión a los retos que debe asumir la educación para revolucionar la forma de enseñar y de aprender, y dentro de los retos que propone se encuentra el liderazgo en las instituciones para incentivar el sentimiento de comunidad y no como ente aislado. Las nuevas técnicas de evaluación deben enfocarse a la implementación de un aprendizaje significativo y no de la evaluación memorística. Asimismo, se fomentará la creatividad como parte del proceso de enseñanza para desarrollar la mente y las expresiones de los estudiantes.

En cuanto al desarrollo de la creatividad, como uno de los pilares de la educación de estos días, Klimenco (2008) profundiza en lo siguiente:

La creatividad implica el desarrollo de muchas habilidades cognitivas y metacognitivas, destrezas, conocimientos, orientaciones motivacionales, actitudes emocionales, características personales, etc. La formación de este gran abanico de cosas no solo requiere de la continuidad de las influencias educativas a través de los niveles consecutivos, sino que implica también una enseñanza desarrollante. (p. 202)

Por lo tanto, el educador de estos tiempos debe ser dinámico y flexible; sentirse con la capacidad de resolver problemas relacionados con su entorno próximo y estar en continuo proceso de aprendizaje. No deber ser solo el espejo en el que el estudiante se ve reflejado, sino también ese ser humano que aprende de su entorno y de su espacio sociocultural, y que no deja nunca de cambiar.

Este ejercicio de retroalimentación entre el educador y su realidad, así como entre el educador y sus estudiantes, debe conformar una relación liberadora y no de poder y disciplina; pues a partir de aquí se generan y comparten herramientas que son importantes para la vida por su interacción con la sociedad y el momento que les ha tocado vivir.

BIBLIOGRAFÍA

Acevedo, S. (2014, jun.). Inclusión digital y educación inclusiva. Aportes para el diseño de proyectos pedagógicos con el uso de tecnologías de la comunicación. Revista de investigaciones UNAD, 13(1), 41-57.

Klimenco, O. (2008). La creatividad como un desafío para la educación del siglo XXI. Educación y educadores, 11(2), 191-210.

Moncada, A. (2015, 6 de noviembre). Los cinco desafíos de la educación en el siglo XXI. Compartir palabra maestra. Recuperado de https://compartirpalabramaestra.org/blog/los-5-desafios-de-la-educacion-en-el-siglo-xxi

Villavicencio, M. V. (2010). La formación de valores en las universidades cubanas. En Una antropología para el siglo XXI. (pp. 115-130). Bogotá: Universidad Católica de Colombia.

Autor: Mgtr. Osmayda Ramona Jiménez Rodríguez
Afiliación: Editorial Prolipa, Ecuador
Edición: Enero de 2019

Copyright © 2019 MCA Business and Postgraduate School - Todos los derechos reservados